La antidialéctica de Parménides



Fernando Montero Moliner, Parménides, Madrid, Gredos, 1960, pp. 7-11.

Selección de versos realizada por Marcelo Vásconez





Vamos a pasar de la noche a la luz (I, 9-10).

El camino de la verdad está apartado del sendero de los hombres (I, 27).

Hay que juzgar este camino con el pensamiento (VII, 5).

La persona que lo expondrá es la Diosa (I, 22-23):





No hay grados de Ser

Puesto que el Ser es todo igual, no es más aquí, ni menos allá (VIII, 22-24).

No es posible que un ente tenga más ser aquí, y menos ser allá (VIII, 47-48).

Por lo tanto, los términos de la disyunción son extremos:

Es necesario que [el Ser] sea totalmente, o no sea en absoluto (VIII, 11).



Examen de cada una de estas dos alternativas

a) [El Ser] es, y no es no-ser.

Esto es verdad (II, 2-4)

Es necesario que el Ser sea, pues el Ser es, y el No-ser no es (VI, 1-2).

b) [El Ser] no es, y es necesariamente No-ser.

Esto es impracticable, pues es imposible conocer o expresar lo no-existente (II, 5-8).

Es inconcebible e inefable que el Ser no exista (VIII, 8-9).

No se puede demostrar que lo inexistente exista (VII, 1).

Hay gentes ignorantes (VI, 4), ciegas y sin juicio (VI, 7), para quienes el Ser y el No-ser son lo mismo y no lo mismo (VI, 8-9).

Así, pues, solo queda una vía: que el Ser es (VIII,1-2).





Características del Ser

1) Ya que el No-ser no existe, ninguna barrera se opone a que el Ser sea homogéneo (VIII, 46-47).

2) No tiene nacimiento ni destrucción (VIII, 3).

Es ingénito, porque no puede haber nacido del No-ser, pues de la nada no puede nacer algo (VIII, 12-13).

Si hubiera nacido, o estuviera por nacer, habría un tiempo en el que no existiese (VIII, 20).

3) Es inmóvil (VIII, 26), inmutable (VIII, 30).

4) No carece de nada; mientras que no siendo carecería de todo (VIII, 33).

5) Es uno (VIII, 6), e indivisible (VIII, 22).

No existe otro además del Ser (VIII, 36-37).

Por lo tanto, todas las cosas son meros nombres (VIII, 38).

Las opiniones de los mortales no son verdaderas (I, 30).

Los sentidos son engañosos (XVI, 1).

El error de los mortales está en el dualismo: ellos han dado nombre a dos formas, de las cuales es necesario que no exista una (VIII, 53-54).